JUAN VICENTE PIQUERAS

Juan Vicente Piqueras nació el 17 de diciembre de 1960 en Los Duques de Requena (Valencia). Estudió Filología Hispánica en la Universidad de Valencia. Vive en Roma. Ha trabajado como locutor de radio, actor y guionista de teatro, doblador y subtitulador de cine, traductor y profesor de español para extranjeros.

Obra poética:      Tentativas de un héroe derrotado. (Madrid: Cuadernos Hispanoamericanos, 1985). Separata de Cuadernos Hispanoamericanos
Castillos de Aquitania
. Modena: Stelle di Sassuolo, 1987
La palabra cuando*
. San Sebastián de los Reyes (Madrid): Universidad Popular, 1992. Premio José Hierro de poesía 1991
La latitud de los caballos*
. Madrid: Hiperión, 1999. Premio Antonio Machado en Baeza
Mele di mare*
. Florencia: Le Lettere, 2003. Antología de su obra, en edición bilingüe español-italiano.
Adverbios sin lugar.
Accésit al XXV Premio Ciudad de Melilla 2003. (Inédito)

Traducciones:       La Miel, de Tonino Guerra. Madrid: La Palma, 1994 
Ponte Milvio
,  de Marco Lodoli. Oviedo: Revista Clarín, 2001
Poesía Completa
de Tonino Guerra. San Sebastián de los Reyes (Madrid): Universidad Popular, 2002
Poemas
de Izet Sarajlic. Cádiz: Revista Atlántica, 2002
Una calle para mi nombre*
(antología de poemas de Izet Sarajlic). Lucena (Córdoba):  4 estaciones, 2003

REPOSO DEL FUGITIVO

Yo que me fui de todos los lugares
y no llegué a ninguno.
Yo que olvidé los nombres y los rostros
de quién amé, quién soy, hoy he llegado,
cansado de mi, a ti.
Yo que huí de la vida y de la huída
y no salí jamás de la cárcel que soy,
empiezo ahora a construir mi nido
en nosotros, mi casa en un pronombre.

Soy ave migratoria que decide quedarse
en tu isla, amor mío, en tu palmera.
Seré tu mar, tu tierra prometida.
Daremos a la luz la voz que quiere
esta nieve que espera las huellas de los hijos
corriendo por la playa, por la página
donde quedará escrito lo que ahora no digo.

No hay vida nueva sin una voz nueva.
Ya no huyo ni olvido ni destruyo.

JUAN VICENTE PIQUERAS

 (2005)

ADVERBIOS DE LUGAR

aquí es donde estoy yo esté donde esté

 yo siempre estoy aquí donde me ves.

 esta casa, esta cara, estas cosas

 cansan, porque aquí cansa

 aquí hace sed de irse, sed de allí

pero allí es el lugar donde jamás podré estar,

donde yo soy imposible vaya adonde vaya,

allá donde yo llegue será aquí

y estaré ya esperándome a mí mismo

 con un ramo de rosas iguales en la mano.

ahí es tu aquí

 ahí parece un grito porque es donde te duele

yo quiero estar ahí, donde estás tú,

tú aquí o, mejor, los dos allí, remotos, juntos

porque lo vivo es lo junto

 ahí hay el amor que no hay aquí

estas cosas tocadas por tus manos,

 eso que piensas, dices, callas, sueñas,

esos lugares donde estás sin mí,

 eso deseo, eso necesito

 y ser tu ahí, tu aliento intercalado.

 

 

JUAN VICENTE PIQUERAS

Vía

Del libro La latitud de los caballos
(Mención de Honor en el I Premio Internacional de Poesía en lengua castellana
Festival Internacional de Poesía de Medellín)

1

La vía son dos líneas paralelas
-hierro aleado a huida- que conviven
en grava y sueño, sed y travesaños.

Toda vía viene del horizonte
y en él se pierde como lo que importa.
Toda vía es violenta,
íntima como un tren que se retrasa.

(Nada que no esté roto,
nadie que no conozca la caída)

La vía es escalera horizontal
de alta ida (paisajes,
espejismos, paréntesis),
líneas paralelas como amantes
que se requieren pero se rechazan,
y sólo en la distancia
hallan su ley, punto de fuga y fuego,
que los podría unir y sin embargo.

2

La espera es espiral, el remolino
de la paz que va a pique aun sin caballos.

La espera es una danza inmóvil y desnuda
como un desierto que echara de menos
sus oasis, su sed, sus espejismos.

Es un planeta exhausto
que gira alrededor de una promesa,
una torre que es faro, minarete,
campanario, atalaya que de pronto
se desmorona con delicadeza.

En la espera los gestos son semillas
de granada, su mosto y su corona,
y tienen vocación de almendra amarga.

La espera es una danza desolada
y minuciosa, patria de espejismos,
casi horizonte póstumo trazado
por la ausencia y sus onzas
(entendiendo por éstas
tanto el peso de especias orientales
como el lince de Persia que caza las gacelas).

JUAN VICENTE PIQUERAS

Vía

 

3

La danza está en los huesos.
Los agita como a árboles sin fruto.
Andenes, tumbos, años
sin vuelta, arenas, humo de las horas,
caricias, erosión y ley sudada.

La danza está en los huesos
blancos como el desierto o el insomnio,
esqueletos exhaustos, luz sin fe.
Las manos son gaviotas asustadas
y los pies le preguntan a la tierra
la música oxidada y obsesiva
de los que caen buscando su motivo.

La danza está en los huesos, desolada,
sin cuerpo en qué apoyarse, vuelo viudo
sobre el desierto que es tan sólo suelo.
Su densidad es alta y leonada,
onza que husmea el miedo,
asustado sudor de la gacela.

Aliento en fuga, don de arder bailando,
humo en busca del fuego, íntimo incendio,
la danza está en los huesos.
En su médula sabia crece y canta
la luz huérfana, azul, del horizonte.

4

Hay trenes que no acaban de llegar
y trenes como el tiempo
que nunca se detienen.

Hay trenes que son dudas
y trenes que no existen y tomamos.
Trenes entre paréntesis,
guardagujas en medio del desierto.

Hay trenes inventados por la espera
y trenes que atraviesan, vacíos y atrevidos,
los desiertos que somos, piel adentro.
Como ángeles enfermos
gimen su sed los huesos deseando
el agua mineral del horizonte.
Hay trenes blancos como el luto chino,
como el insomnio, música de huellas.
Esqueletos de tren, radiografías
de infancias felizmente fallecidas.

Hay trenes que chirrían en los huesos
y trenes transparentes que atraviesan
el cielo como el tiempo, como aves
que nunca anidan, nunca se detienen.

JUAN VICENTE PIQUERAS

 

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